Experto en la superficie terrestre advierte sobre sismo similar al que destruyó Valdivia en 1960

MARCELO LAGOS: “DEBEMOS PREPARARNOS PARA UN MEGATERREMOTO”

Por Kareen Reyes Madariaga.

 

Marcelo Lagos López (51), geógrafo y académico de la Universidad Católica de Chile, asegura que se aproxima un movimiento telúrico sobre 9.0.. Recomienda tomarlo con seriedad y concientizar a nuestro círculo más cercano. Las regiones Metropolitana y Los Ríos -donde se encuentran las denominadas “fallas” de San Ramón y Liquiñe-Ofqui-, son las principales preocupaciones de quienes se dedican al estudio de los desastres naturales. 

Lagos es enfático en señalar que “cuando hablamos de terremotos gigantes, estamos hablando de que la energía se libera exponencialmente y un sismo 9.0., es 32 veces más grande que uno de ocho. En el caso del terremoto de Valdivia, en 1960, cerca de 60 mil casas quedaron completamente destruidas, y casi dos millones de personas quedaron sin hogar”.

 

– ¿Los edificios chilenos resisten a un mega terremoto?

– Es básico cumplir con la normativa, de cómo diseñamos y cómo construimos nuestros asentamientos humanos para convivir con los distintos tipos de peligros, ya sean terremotos, aluviones, ondas de calor, etcétera. 

En Chile, hemos avanzado sustantivamente sobre la amenaza sísmica en terremotos, no así en otros peligros, y tenemos una tarea pendiente, muy importante, sobre cómo convivimos con la emergencia y conductas de autocuidados: Qué hacer, cómo reaccionar, si cortas la luz, el gas, dónde te instalas, etcétera. Pero hay otros procesos que no son muy comprendidos, porque no son tan recurrentes, por lo tanto, es importante tener Planes de Emergencia que permitan que las comunidades ubicadas sobre territorios en riesgo se apropien de esa experiencia. 

Un Plan de Emergencia y Reducción del Riesgo ante Desastres -que obliga la ley 21.364-, no sirve tenerlo sólo en papel, o como un documento obligatorio, sino que lo óptimo es generar una experiencia que permita democráticamente la participación de toda la comunidad, y esa es una de las tareas que los municipios tienen que implementar con suma urgencia, sin que haya de por medio una fiscalización. No porque se haya cumplido el plazo para crear los planes que obliga la ley 21.364, sino que por un tema de salvar vidas.

 

– ¿A los chilenos nos gusta el riesgo? Considerando que cada año se repiten similares situaciones de emergencias. En invierno (inundaciones, aluviones), y en verano (incendios)…

– En este país son muy pocas las personas que pueden decidir dónde vivir. La gente vive donde puede. Si no le da el bolsillo se toma los terrenos en zonas de peligros porque son familias pobres. Aprender a vivir con el riesgo implica empoderarse… Pensar que a la gente le gusta vivir en el riesgo es una mirada errada del problema del sector oriente, hay harta riqueza en esa zona, y saben que están en la mencionada “falla” de San Ramón, pero igual se exponen. Aunque el riesgo puede ser bueno también. 

– ¿A qué te refieres? 

O sea, vivir a orillas de un lago claramente tiene mil beneficios, porque el lago no es un riesgo todos los días, y puede tener un muelle, una playa, etcétera. Vivir cerca de un río permite tener agua, acceso a muchas cosas, como ver un paisaje increíble, despertar con el cantar de los pájaros, y hay un mundo de personas que viven en condiciones increíbles (en zonas de peligro), porque el riesgo también es complejo, el riesgo no es sólo la “falla” de San Ramón particularmente, que a propósito no se activa desde hace 7 mil años.

 

– ¿Es probable que un epicentro se concentre a lo largo de la “falla” de San Ramón?

– No se sabe con exactitud, pero la gente que vive sobre esa “falla” no tiene pesadillas por dormir arriba de una “falla” expuesta a riesgos. La gente que duerme a orillas de la playa en Viña Del Mar y Valparaíso o sobre los cerros no está pensando en que un volcán podría activarse nuevamente. En la práctica, es comprender que somos parte de un Sistema. No somos amos ni dueños del planeta Tierra. Ése es el gran desafío que tenemos de entender, que somos parte de la naturaleza, pero que es urgente comprender que somos parte del Sistema, y que los desastres van a comenzar a disminuir cuando realmente entendamos que hay procesos que son recurrentes. 

 

– ¿Cuál es la situación de la Quebrada de Macul?

– No es lo mismo estar en la Quebrada de Macul que, en 1993, se expuso a los incendios. La gente que vive en las partes altas con exposición al riesgo de incendios o en ese interfaz urbano rural, no es porque le encante vivir ahí, sino porque no tiene dónde residir. Es un problema antiguo en nuestro país que no alcanza a estar a la velocidad de las demandas sociales respecto al tema del habitar en zonas seguras. En la práctica, la gente no quiere vivir en zonas peligrosas donde -dependiendo del clima-, se inundan. Es un problema complejo, y hay que mirarlo desde esa óptica, desde la complejidad, ya que es multifactorial. Claramente en la actualidad está comprobadísimo que generalmente son las comunidades más pobres y precarias las que habitan en territorios más peligrosos. 

 

Marcelo Lagos, también investiga la convivencia entre humanos y los fenómenos naturales que provocan desastres en zonas habitadas por personas. Su visión en cuanto al cumplimiento de la ley 21.364, que obliga a elaborar nuevos Planes de Emergencias y Reducción del Riesgo ante Desastres es categórica: “Se demoraron cerca de diez años en aprobar esta ley tan esperada, cuyo detonante fue el terremoto y tsunami del año 2010, que nos enrostró el camino gigante que quedaba por recorrer en esta materia. La reducción del riesgo y cómo se implementa, históricamente, ha sido un desafío en nuestro país. En un contexto de la sociedad reactiva, el chileno necesita cierto tipo de perturbación y disrupción, para reflexionar y poder avanzar”.

 

– En qué se ha progresado?

– Hemos avanzado en el mapeo. Los mapas de peligrosidad destacan peligros de tsunami o los mapas que elabora el Shoa (Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada de Chile), por ejemplo. Pero estos instrumentos tampoco tienen peso específico en la toma de decisiones y la planificación territorial. De alguna forma son señales claras que el tema de comprender el riesgo y lograr avanzar en gobernanza, donde se enlazan lo público, lo privado y la sociedad es tremendamente necesario.

 

– ¿Hay recursos en municipios para crear nuevos planes de Emergencia y Reducción del Riesgo ante posibles catástrofes? Y por parte del Estado -en este caso la Contraloría General de la República-, tiene capital humano para una fiscalización efectiva y oportuna?

– Cumplir con todo lo que dice la ley 21.364 con el nuevo servicio -en un escenario diferente-, es un desafío gigantesco en términos de Recursos Humanos, de tiempos profesionales y particularmente el poder acompañar a todas las comunas de Chile, sobre todo a las de escasos recursos. Es un desafío también para los propios municipios y donde claramente no todos son Providencia, Vitacura y Ñuñoa, hay muchos municipios que no tienen personal calificado ni los recursos para generar los Planes que demanda la ley que deberían haber tenido desde agosto de este año, pero no estamos avanzando… no estamos cumpliendo.

 

– ¿Qué señales debemos detectar?

– Nos revela una conducta que se alista con la gestión del riesgo de desastres en nuestro país -que por desgracia-, ponen su foco generalmente en la gestión de desastres por sobre la disminución del riesgo de desastres, apuntan principalmente al uso de tecnologías en lo que fortalece el sistema de alerta temprana, la alerta a tu teléfono celular.

 

– ¿Cuál es el problema de fondo?

– Serían estos planes, estas normas, y cómo conversan. Se traducen en retroalimentación para la planificación urbana y territorial, de seguir habitando territorios en riesgo, corregir lo que ya está habilitado o evitar que nuevos asentamientos humanos se expongan a posibles riesgos. 

 

– Se anuncia un gran movimiento telúrico… ¿qué es lo que no hay que hacer?

– Primero que todo, sacarse de la cabeza que hay un lugar seguro.  Segundo y tercero, sacarse de la cabeza que un terremoto les va a encontrar en el lugar que creen. Vivir y comprender que el riesgo implica que les puede encontrar en cualquier contexto y circunstancia. Puede ser en el trabajo, casa, universidad, caminando o manejando, trotando con el perro, con el gato, con la suegra y la cuñada… No existe una receta para cada lugar. Implica comprender el riesgo, entender que donde estoy existe un currículum sísmico. En este territorio existe siempre una probabilidad de terremoto, y debo estar coordinado, articulado, tener un plan familiar, y saber tomar decisiones adecuadas. Mantener conductas de autocuidado -dependiendo del contexto-, ya que no es lo mismo que te encuentre un terremoto a orillas de la playa (con amenaza de tsunami), a que te pille una erupción volcánica o una lluvia intensa en San José de Maipo. Todo es relativo. Por lo tanto, no existe una receta absoluta para decir qué es lo que tienen que hacer y éste es el lugar que necesitan…. Hay que destacar que generalmente estos eventos -altamente energéticos-, no ocurren todos los días, y cuando suceden -excepcionalmente-, vamos aprendiendo lecciones. Debemos tener normativas, educarnos al respecto y comprender los alcances de su significado.

 

– Tu opinión sobre quienes te catalogan como “alarmista”, que asustas a los chilenos cuando te refieres a desastres de la naturaleza…, ¿estás de acuerdo?

– La sociedad chilena no está acostumbrada a que las cosas se digan como son. No busco simpatizar o ser amigo de alguien. Simplemente trato de enviar un mensaje, que es necesario, porque la ciencia revela potenciales riesgos. Si logras entender qué significa que te estén diciendo “que podría ocurrir un terremoto gigante”, claramente vamos a poder conversar. Pero si te aviso, y lo interpretas como que estoy diciendo “que viene ahora” … no estás entendiendo. Las palabras construyen realidades, pero hay que saber entender el mensaje. Es responsabilidad de las ciencias exactas. Cuando se tienen datos basados en evidencia, en instrumentos, cuando la historia revela que ciertos procesos son recurrentes, cuando vemos que la urbanización avanza densificándose en zonas de peligro, etcétera, es mi deber -de alguna forma-, llegar a los hogares enviando un mensaje, porque los hogares rápidamente pueden tener consultas sobre el autocuidado o conocer el protocolo de los Planes de Emergencias. Quizás van a pasar mil cosas, pero no hay recursos o profesionales competentes para fiscalizar. Sin embargo, sí puedo llegar rápidamente a las personas, a la familia o a la comunidad para que se organicen, se ordenen y se preparen para lo que podría suceder y no esperar que digan “ahí no puedo vivir porque es una zona de riesgo”. 

 

– ¿Qué consejo debemos considerar para poner seriedad en prevenir?

– La comprensión del riesgo depende de la sociedad, de la cultura, de lo que ponemos en valor, de lo que es y no es aceptable de tu conducta. Mírate como persona, observa tu conducta de autocuidado, mira cómo manejas lo que haces y trata de entenderlo junto a toda tu familia: Cuñada, prima, vecino, amigos, etcétera… Ver cómo convivimos con la red social. En Chile no somos Japón, somos un país donde olvidamos rápidamente que estuvimos en peligro producto de algún desastre. Nos cuesta aprender lecciones. Nos gusta delegar al Estado la responsabilidad de darnos garantía de seguridad. Sin embargo, es importante una responsabilidad individual y en sociedad aportar y construir mejores estrategias ante el peligro que conlleva un desastre natural principalmente. Es muy importante que los que gobiernan hagan su trabajo, que dirijan y supervisen para que la información llegue a la Comunidad. Que las empresas sepan cómo salir de una emergencia, que el riesgo es alto, pero es básico partir por los autocuidados, es decir individualmente.


RECUADRO

– ¿Qué contiene el kit de Marcelo Lagos en caso de emergencia? 

– No es un kit, sino que son las cosas necesarias. Todo depende del lugar donde estés: En el auto, paseando en bicicleta, en tu casa, etcétera. 

  1. Documentos siempre conmigo. 
  2. Información importante respaldada en un disco, guardada en un lugar estratégico. 
  3. Dinero en efectivo, en lugares donde sólo yo sé. 
  4. Vehículos con combustible. 
  5. Energía solar alternativa. 
  6. Alimentos, agua, etcétera.